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El Origen de la Religión (parte 2)

El temor de la muerte

Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente (1 Co. 2:!4, RV1909).

La Biblia nos dice que el hombre animal es aquel que no ha sido regenerado por el espíritu divino, y por lo tanto es gobernado por sus pasiones animales o irracionales. Esto lo hace presa fácil del espíritu del mal, Satanás. Una de las pasiones animales que Satanás usaría para gobernar al hombre sería lo que la Biblia llama “el temor de la muerte”. Leemos en el Nuevo Testamento lo siguiente:

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre (He. 2:14,15 RV1960).

Entierro neanderthal

Representación de un entierro neanderthal.

No cabe duda de que el ser humano, como cualquier otro animal, le teme a la muerte. En una situación en la que la vida esté amenazada, un animal hará todo lo posible por salvarla. A esto los científicos llaman “instinto de supervivencia”. Este temor a la muerte no se experimenta solamente como un miedo a morir ante una amenaza concreta que el individuo esté percibiendo en un momento dado, sino que se expresa también como un sentido de curiosidad y reverencia ante la muerte de un miembro de la misma especie e incluso de otra. El temor de la muerte ha sido la causa de las manifestaciones externas más antiguas de religión en el hombre. Entre los arqueólogos hay un concenso en cuanto a que los enterramientos intencionales, producto de un ritual, datan de tan atrás como 100 mil años (paleolítico medio). Sin embargo, los arqueólogos creen que los enterramientos rituales pueden remontarse mucho más atrás, a unos 300 mil años.

De manera que un sentimiento bastante común en el reino animal como el temor de la muerte, está asociado con el origen de la religión. Más interesante aún es constatar que en los animales no solamente se da un mero miedo a morir, sino ese sentimiento que provoca un comportamiento ritualísitco, y ese sentimiento es el de curiosidad y solemnidad. Efectivamente, se ha reportado un comportamiento ritualístico ante los muertos en ciertos primates y en los elefantes. En un artículo de la revista British Archaeology, se menciona el caso de un comportamiento ritual entre Chimpancés. Citamos del artículo:

A lo largo de 20 años, Christophe Boesch y Hedwige Boesch-Ammerman han estado estudiando a los chimpancés pigmeo (bonobos) de la selva Tai en la Costa de Marfil. En 1989 observaron un caso particularmente resaltante de comportamiento mortuario en torno a un cadáver – el de Tina, una hembra de 10 años que murió después de haber sido emboscada por un leopardo. Varios individuos se reunieron rápidamente alrededor del cadáver, hacien llamadas ruidosas. Después de un breve período, 12 adultos se sentaron en silencio alrededor del cuerpo. Ocasionalemnete algunos machos demostraron agresión, haciendo ostentosas exhibiciones y arrastrando el cadáver a lo largo de cortas distancias. Hembras de alto rango inspeccionaron el cuerpo, aparentemente esto les fue permitido por los machos de alto rango que custodiaban el cadáver, y que auyentaron a los individuos de rango menor. Luego de unos 30 minutos después que Tina murió, dos machos de alto rango comenzaron a preparar el cadáver – algo que tomó más de una hora, mientras adultos de menor rango e infantes permanecían inspeccionando intensivamente el lugar donde la hembra murió. Ocasionalmente, los individuos custodiando el cuerpo hacían muecas y reían, probablemente para librar de tensión y confusión.1

Quizás el caso más famoso de demostración de dolor por los muertos en el reino animal, sea el del elefante. Está documentado que los elefantes practican un rito para “llorar” y “honrar” a sus muertos. Cuando encuentran los restos óseos de algún familiar u otro miembro de su especie, un grupo de elefantes forma un círculo alrededor de los huesos, como custodiándolos. Luego palpan los huesos con sus patas y trompas, los recogen y los manipulan con la trompa, palpandolos con la boca.2 También se sabe que los elefantes despliegan elaborados rituales sociales cuando una matriarca muere. En dicho ritual no solamente se involucran miembros de la familia o el clan al que pertenecía la matriarca, sino que otras matriarcas y miembros de otros clanes también participan en manifestaciones de dolor, curiosidad y respeto.3 Se sabe también que los delfines muestran curiosidad por los muertos de sus especie.

El hecho de que los ritos funerarios se presenten entre especies socialmente complejas, y que dichos rituales sean especialmente elaborados en el caso de matriarcas elefantes, indica que este tipo de ritual tiene una naturaleza social. Podría ser que el ritual ayuda a la comunidad a asimilar el cambio de estado del fallecido, el cual, justo antes de su muerte, era miembro del clan. La muerte implica una separación del fallecido del grupo social al que pertenecía. Al morir, los miembros del clan tal vez sientan la necesidad de desincorporar socialmente al fallecido. Las matriarcas son miembros imprescindibles en los clanes de elefantes. De su sabiduría depende la supervivencia del grupo. Es por ello que los elefantes rinden honores especiales a las matriarcas fallecidas. En todo caso, el ritual en cuestión no es un mero capricho, sino que cumple una función, satisface una necesidad social. Ésta es la escencia de la religión, la cual tiene que ver más con el aspecto social y pragmático que con una verdad espiritual absoluta.

En el caso particular de los humanos, los rituales funerarios han estado asociados con algo más que una función de desincorporación social del fallecido. El hombre se pregunta si habrá algún tipo de vida más allá de la muerte. También se pregunta si podrá reunirse nuevamente con sus familiares fallecidos. La religión surgió para dar respuesta a estas preguntas. El hombre concibió que había un reino de ultratumba en el cual habitaban los muertos, un lugar donde se reunirían los familiares y conocidos separados por la muerte. De esta manera la religión llenaba varias espectativas del hombre: 1. Le daba sentido a la vida, dando una solución al problema de la muerte; 2. Confortaba en medio de los sufrimientos, prometiéndoles una mejor vida en el más allá; 3. Consolaba a los que habían perdido familiares y amigos, prometiéndoles que se reunirían nuevamente en el más allá.

La lógica de la vida eterna

Aunque la Biblia asegura que aquellos que comprenden las cosas espirituales no son gobernados por su naturaleza animal, hemos visto que la religión tiene su origen en un sentimiento común a varios animales, el temor de la muerte. Este sentimiento se origina en el instinto de supervivencia y en la interdependencia entre miembros de un clan. El instinto de supervivencia en el hombre lo ha llevado a concebir “la vida eterna” o la inmortalidad. Así vemos en la Biblia que el apóstol Pablo declara que el paraíso está reservado para aquellos que “buscan gloria y honra e inmortalidad, la vida eterna” (Ro. 2:7, RV1909). Por otro lado, el mismo apóstol consuela a aquellos que han perdido sus familiares o amigos de la siguiente manera:

Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él á los que durmieron en Jesús (1 Tes. 4:13,14, RV1909).

Ahora bien, el carácter irracional de la doctrina de la vida eterna puede resultar evidente si se considera independientemente del instinto de supervivencia. ¿Por qué y para qué el hombre habría de vivir eternamente? No parece haber nada eterno en el universo, y el ser humano no es sino una parte insignificante del cosmos. Pero además, para la propia mente humana, el vivir eternamente carecería de sentido. El ser humano encuentra placer en la novedad, pero al vivir eternamente, es posible que la existencia del hombre se haga aburrida al perder la capacidad de aprender algo nuevo. Los creyentes citan las siguientes palabras de Jesucristo: “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (Juan 17:3, RV1909). Basados en este texto, los teólogos han afirmado que lo que le da sentido a la vida eterna es conocer a Dios. Dado que éste es infinito en atributos y complejidad, las almas que alcancen la inmortalidad necesitarán la eternidad para conocerle. A esto podemos objetar que siendo el alma humana finita y estando limitada al universo creado, el conocimiento hipotético de Dios alcanzaría un límite. Sólo si el hombre puediese ser igual a Dios podría progesar ilimitadamente en dicho conocimiento. Pero esto último es una blasfemia en la teología cristiana. En resúmen, la vida eterna del alma humana y el monoteísmo parecen conceptos lógicamente contradictorios. Esto lo declaramos, no basados en nuestras pasiones animales, sino en nuestras facultades racionales. De manera que podríamos reescribir el pasaje de 1 de Conrintios de la siguiente manera:

Pero el hombre racional no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar pasionalmente (1 Co. 2:!4, RV1909).

No hay duda de que las pasiones animales del hombre han contribuido mucho al origen de la religión.

Notas

  1. Paul Petit, When burial Begins, British Archaeology, n. 66, agosto 2002, http://www.britarch.ac.uk/ba/ba66/feat1.shtml.
  2. El comportamiento ritual de los elefantes hacia los restos óseos de su especie, ha sido documentado en vídeo. Ver por ejemplo una sección de un documental de la National Geographic http://www.youtube.com/watch?v=D_-Tr63MMow, y uno de la BBC http://www.youtube.com/watch?v=C5RiHTSXK2A.
  3. Ver http://www.savetheelephants.org/files/pdf/publications/2006%20Douglas-Hamilton%20et%20al%20Behavioural%20reactions%20of%20elephants%20to%20a%20dying%20matriarch.pdf.

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