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En busca del conocimiento de lo sobrenatural

Ya hemos visto que los autores bíblicos se basaron en la cosmología y cosmogonía de los antiguos mesopotámicos. Éstos tenían la creencia de que la tierra era plana, con forma de disco que flotaba sobre un océno primigenio y que la estructura del cielo era una cúpula sólida de la cual colgaban los astros. En cuanto a sus ideas de los orígenes, creían que todo había surgido de la unión de las aguas primigenias Tiamat y Abzu. En un principio, los sumerios tenían creencias animistas, pero por su contacto con los semitas, su religión incorporó dioses antropomorfos.Todas estas creencias son bastante primitivas a nuestro parecer, y las consideramos erróneas hoy en día. El hecho de que los autores de la Biblia se hayan basado en estas creencias, ¿hace de sus ideas algo erróneo? Si pensamos en términos absolutos, probablemente sí. Para el que tiene fe religiosa en la Biblia, no hay término medio, o la Biblia es cierta o no lo es, o contiene la verdad absoluta o es un error. Curiosamente, la posición del ateo es básicamente la misma. La única diferencia entre el ateo y el cristiano es que el primero cree que las doctrinas bíblicas son erróneas y el cristianao cree que son la verdad absoluta. Quizás debamos aclarar que los cristianos que estamos considerando aquí son fundamentalistas, pues no todos los que profesan ser cristianos tienen esta postura tan radical. También debemos decir que los ateos son en cierto sentido fundamentalistas como sus antagonistas cristianos. Un término medio serían los agnósticos y los cristianos que creen en la evolución teísta.

En nuestro caso particular, quisiéramos colocarnos en una postura no fundamentalista, es decir, no profesamos poseer una verdad definitiva acerca de la Biblia o de Dios. Esta postura puede desarrollarse si se consideran las ideas de los antiguos profetas y maestros de la religión, no como posturas acabadas, sino como propuestas sujetas a crítica. Así como el científico especula acerca del mundo natural, el teólogo puede considerar las declaraciones de los profetas como especulaciones acerca del mundo espiritual. Así como las especulaciones de los científicos están sujetas a crítica, las ideas de los profetas también deben estarlo. Según esta manera de ver las cosas, el conocimiento religioso no es algo absoluto y está sujeto a modificación. Esto permite que podamos percibir la evolución del conocimiento religioso. Podemos ver cómo el conocimiento religiosos evolucionó desde el animismo sumerio primitivo al politeísmo antropomórfico semita, y de allí al monoteísmo hebreo. Luego el cristianismo evolucionó del judaísmo legalista y nacionalista a una religión individual y universal enfocada en la esencia de lo espiritual más que en las formas de la religión. En cada paso se verificó una revolución de las ideas religiosas. Y aunque los autores bíblicos se basaron en las ideas de los sumerios y acadios, llegaron a desarrollar una visión de lo divino y lo natural que rompió con las antiguas tradiciones de Mesopotamia. Las ideas de los hebreos contribuyeron a purgar la mente de los antiguos de muchas supersticiones. En primer lugar le quitaron a la naturaleza el carácter místico que tenía. Luego hicieron del concepto de Dios algo universal y único, trascendente a los pueblos. Dios era uno para todo el mundo, y era el Creador de todas las cosas. Esto permitió que se dejara de ver la naturaleza como el escenario y el arsenal del conflicto entre dioses caprichosos. Ahora toda la naturaleza obedecía a un sólo conjunto de leyes decretadas por un único monarca divino. Estas ideas serían fundamentales para el surgimiento y desarrollo de la ciencia moderna.

Tenemos entonces que hay un progreso en el conocimiento teológico, y que no resulta de provecho considerar este conocimiento como absolutamente verdadero o absolutamente falso. Nadie puede descartar científicamente la idea de Dios, aunque actualmente es muy difícil sostener las doctrinas bíblicas como verdad absoluta. Sin embargo, nos preguntamos si hay ideas bíblicas que puedan ser útiles en la búsqueda de la verdad acerca de Dios, de lo sobrenatural, ése debería ser el objetivo de la teología. En el pasado la teología ha pretendido estar fundamentada en una verdad absoluta revelada, pero a medida que el conocimiento de la naturaleza ha progresado, se ha puesto en evidencia que este enfoque ya no es útil, pues la ciencia ha entrado en conflicto con la religión. Si queremos obtener algún conocimiento útil acerca de lo trascendental, la teología debe abandonar la pretención de poseer verdades directamente reveladas. La teología moderna debe permitir la crítica y debe dejar de reverenciar la tradición si quiere llegar a tener un conocimiento objetivo sobre la realidad espiritual.

Actualmente percibimos que un enfoque de la teología como el que proponemos, no es muy popular. Pareciera que a los ateos se les hubiese revelado que Dios no existe, los cristianos y los islamistas fundamentalistas tienen una postura demasiado comprometida con sus tradiciones religiosas, los agnósticos han descartado de antemano la posibilidad de alcanzar algún conocimiento de lo sobrenatural y muchos cristianos que no son fundamentalistas consideran que poseen una verdad espiritual que es completamente independiente de la ciencia. Si la realidad sobre Dios y lo espiritual es completamente independiente de la naturaleza, ¿cómo podremos llegar a un conocimiento objetivo sobre ella? En este punto los religiosos más fervientes dirán que esta realidad sólo se puede percibir por medio de la fe, la cual está definida en la Biblia de la siguiente forma: “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (He. 11:1). Si el conocimiento acerca de lo sobrenatural sólo es accesible por medio de la fe, dicho conocimiento es entonces subjetivo. El problema de esta postura es que deja expuesto al que busca la verdad al autoengaño. Muchos son los que llamándose profetas aseguran decir la verdad de parte de Dios, pero a menudo los profetas se contradicen entre sí. ¿A cuál debemos creer? Si la respuesta está en la fe, entonces corremos el riesgo de depositar demasiada confianza en las invenciones humanas.

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