La semana pasada estuvimos comparando los antiguos relatos mitológicos de Mesopotamia con el relato bíblico del Génesis. Vimos que tanto los detalles referentes al origen del cielo, la tierra y los astros, como los que tienen que ver con el hombre en este relato, guardan relación con las creencias de los antiguos pueblos que habitaron Mesopotamia. En esta oportunidad estudiaremos la idea que nos presenta la Biblia acerca del Paraíso terrenal y algunos acontecimientos que ocurren en él. Veremos que una vez más se ve confirmada la hipótesis de que la Biblia está relacionada con las antiguas mitologías paganas.
Una de las preguntas que muchos cristianos se hacen es por qué Dios hizo a Eva de la costilla de Adán. Alguna vez escuché a un pastor diciendo que Dios había querido ilustrar la igualdad entre el hombre y la mujer en la forma en que creó a Eva. No la hizo de los pies de Adán, de manera que éste no la pisoteara considerándola inferior, ni tampoco la hizo de la cabeza, para que Eva no creyese que era superior que Adán y pretendiese dominarlo. Sin embargo, me parece que esta explicación es más un reflejo del pensamiento moderno de nuestra cultura que una descripción de lo que los autores de la Biblia tenían en mente. En este post veremos que la explicación de la manera en que Dios creó a Eva puede tener una explicación más trivial, enraizada en los antiguos mitos de los sumerios.
El Paraíso: el país ideal
La Biblia nos dice que el paraíso era un jardín o huerto situado en una región llamada Edén. Dicha región, en principio, tendría una localización definida según el autor del Génesis. Se supone que se encontraba al oriente (Gén. 2:8; presumiblemente de Jerusalén o Canaán). Según la Biblia, en el Edén nacían cuatro ríos: el Pisón, el Gihón, el Heiddekel (Tigris) y el Eufrates (Gén. 2:10-14). De los cuatro ríos, solo dos hacen clara referencia a accidentes geográficos reales. El Tigris y el Eufrates son los ríos que delimitan Mesopotamia. Con esta identificación cabría esperar que el Edén fuese localizable, sin embargo los otros dos ríos permanecen sin una asociación certera con la geografía actual. El historiador judío Flavio Josefo (37 a.C. – 100 d.C), identificaba el Pisón con el Ganjes y el Gihón con el Nilo, pero esta identificación permanece controvertida entre los especialistas.
La Biblia presenta el jardín del Edén como el lugar ideal para vivir. Allí el hombre no sufría por la falta de algún elemento básico. Había abundante agua, de una fuente surgían cuatro de los más importantes ríos del mundo. No había inclemencias del tiempo, pues no llovía (Gén. 2:5,6) y el hombre vivía desnudo (Gén. 2:25). Dios mismo había plantado el huerto del Edén, donde “había Jehová Dios hecho nacer de la tierra todo árbol delicioso á la vista, y bueno para comer” (Gén. 2:9; RV 1909). Había además un árbol, el árbol de la vida, cuyo fruto dotaba al hombre de perpetua juventud (Gén. 2:9; 3:22). No había animales salvajes que dañaran al hombre, pues todos los animales eran hervíboros (Gén. 1:30). El hombre mismo era vegetariano (Gén. 1:29).
En la mitología sumeria también está presente la idea de un Paraíso terrenal donde todo es perfecto. El paraíso sumerio fue llamado Dilmun. Como el paraíso bíblico, Dilmun estaba situado al oriente, pues se le llama “el lugar donde nace el sol”. Este título junto con la creencia de que Dilmun era el hogar Ninlil, la diosa sumeria del aire y del viento del sur, sugiere que éste es un lugar mágico en el fin del mundo, situado legendariamente más allá de las fronteras del mundo conocido. Dilmun aparece en los registros de los pueblos de Mesopotamia como un reino con el cual se sostenían relaciones comerciales, sugiriendo que se podría tratar de un lugar geográfico real. Sin embargo los arqueólogos han fracasado al tratar de ubicarlo, aunque varios lo asocian con las islas de Bahrain, Oman, Qatar y con la costa iraní. Como el Edén bíblico, la leyenda puede estar tan mezclada con la realidad, que resulta difícil separar una cosa de la otra. Dilmun es el escenario de uno de los relatos sumerios de los orígenes, donde algunas de las diosas de la naturaleza son engendradas por Enki, el dios sumerio del agua. El relato comienza así:
La tierra de Dilmun es un lugar puro, la tierra de Dilmun es un lugar limpio,
La tierra de Dilmun es un lugar limpio, la tierra de Dilmun es un lugar radiante;
Aquel que está solo yació en Dilmun,
El lugar en el que Enki yació con su esposa,
Ése lugar es limpio, ese lugar es radiante;
Aquel que está solo yació en el Dilmun,
El lugar en el que Enki yació con Ninsikil,
Ese lugar es limpio, ese lugar es radiante.En Dilmun el cuervo no emite chillidos,
El ave rapaz no emite el chillido del ave rapaz,
El león no mata,
El lobo no abate al cordero,
Es desconocido el perro que depreda al niño,
Es desconocido el jabalí que devora el grano,
[ . . . ]
El que está enfermo de los ojos no dice: “Estoy enfermo de los ojos”,
El que sufre de la cabeza no dice: “me duele la cabeza”,
Sus mujeres ancianas no dicen: “Soy una mujer vieja”,
Sus ancianos no dicen: “Soy un hombre viejo”,
[ . . . ]
El cantante no pronuncia lamentos,
En el extremo de la ciudad él no canta tristeza.1
Compárese esta descripción del paraíso con lo que dice el profeta Isaías:
Morará el lobo con el cordero, y el tigre con el cabrito se acostará: el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de teta se entretendrá sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna del basilisco. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte (Is. 11:6-9; RV 1909).
La descripción de Dilmun concuerda bastante bien con el jardín del Edén. Es un lugar inmaculado, donde las bestias no depredan, la gente no se enferma ni sufre los achaques de la vejez. Sin embargo, debemos decir que existe controversía entre los especialistas en este respecto, pues hay algunos que creen que las referencias aquí a las bestias salvajes lo que quiere expresar es un momento en que no existían. En otras palabras, lo que acabamos de leer del mito sumerio es una introducción que en pocas palabras lo que quiere expresar simplemente es: “antes de que existiesen las cosas que son ahora”. Llama la atención que se hable de Enki como el que está solo y se acostó con Ninsikil, a la que llama su esposa. Esto de que estuvo solo, ¿se referirá a que Enki fue el primer varón en Dilmun? ¿Fue la relación entre Enki y su esposa la que trajo la vida a Dilmun? Si ese fuese el caso entonces tendríamos que Enki en esta historia estaría jugando un papel análogo al de Adán en el Génesis. De hecho, vamos a ver que hay otro paralelismo en este relato que apunta en esa dirección.
Paradójicamente, el poema sumerio continúa describiendo a Dilmun como un lugar seco, carente de fuentes de agua dulce. Aparentemente no hay mucha precipitación en Dilmun, si alguna, y las fuentes subterráneas de agua son saladas. Esta descripción de Dilmun podría haber dado origen a la leyenda bíblica de un Paraíso donde no llueve. La diosa de Dilmun, Ninsikil, le ruega a Enki, dios del agua, que provea su tierra con agua dulce. Enki accede y ordena a Utu, dios solar, que haga brotar agua de la tierra. El poema narra la transformación de Dilmun en los siguientes términos:
Su ciudad bebe el agua de la abundancia,
Dilmun bebe el agua de la abundancia,
Sus pozos de agua amarga, he aquí se han convertido en pozos de agua potable,
Sus campos y granjas han producido cocechas y grano,
He aquí que su ciudad se ha convertido en lugar de playas y muelles,
He aquí que Dilmun se ha convertido en lugar de playas y muelles.2
Dilmun, al igual que el Jardín del Edén (Gén. 2:6,10), se convirtió en un lugar regado con abundante agua proveniente de fuentes subterráneas. Nótese que la manera en que se logra esto es por medio del sol, algo que nos recuerda lo que dice la Biblia acerca de la manera en que el agua regaba las plantas en el jardín del Edén, el agua subterránea subía como un vapor, de lo cual se infiere que el sol estaba implicado en el proceso.
La Eva de los sumerios
A continuación, en el mismo poema sumerio, Enki fecunda a la diosa Ninhursag, la madre tierra (identificada con Nintu y probablemente en el pasado con Ki). Como resultado, Ninhursag da a luz a Ninsar, diosa de las plantas (su nombre significa “la dama verde”), después de un período de gestación de nueve días. El poema aclara que cada día de gestación de la diosa es equivalente a un mes de gestación de la mujer. Este corto período de gestación culmina con un parto que, según parece indicar el texto, está excento de esfuerzos y de dolor, pues el poema hace referencia a la manteca para describirlo. Este relato del parto de Ninhursag podría ser el origen de la idea bíblica de un parto indoloro antes de la caída (Gén. 3:16). A su vez, Enki fecunda a Ninsar, hija de Ninhursag. El fruto de esta unión es Ninkur (o Ninkurra), una diosa madre menor, la cual nace, como su madre Ninsar, después de un período de nueve días de gestación. Ninkurra a su vez es fecundada por Enki, engendrando así a Uttu, diosa del tejido y del hilado, representada por la figura de una araña.
Ninhursag le advierte a Uttu acerca de la conducta lujuriosa e irresponsable de Enki, aconsejándole que no se acerque a la orilla del lago donde Enki asalta a las doncellas. Pero por medio de un ardid de Enki, el cual le ofrece como regalos ciertos frutos, Uttu también resulta fecundada por él. Uttu, decepcionada y triste, recurre a Ninhursag, la cual limpia el semen que está en su cuerpo. Este semen cae a la tierra y da origen a ocho plantas o árboles, siendo el octavo el árbol de la vida. ¿Tendrá que ver con el árbol de la vida bíblico?
Estando a compañado de su visir, el dios Ismud, Enki se topa con los ocho árboles, aparentemente sin conocer su procedencia, y le asalta la curiosidad por saber qué son y si son buenos para comer. Después de preguntar a Ismud por un árbol en particular, procede a comérselo. Este procedimiento lo repite con cada uno de los ocho árboles. Ninhursag, la madre tierra, se enfada ante la glotonería descuidada de Enki. Parece que este enfado está además justificado por el hecho de que los ocho árboles constituyen el origen de los vegetales en Dilmun. Lo que sigue en el poema es algo de lo más interesante para nuestro estudio comparativo. Ninhursag maldice a Enki, diciéndole: “Hasta que estés muerto, no he de verte con el ojo de la vida”. La maldición de Ninhursag recuerda la advertencia que le hizo Dios a Adán en el jardín del Edén: “De todo árbol del huerto comerás; Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Gén. 2:16,17). Recordemos además que lo que llevó a Enki a comer de los ocho árboles fue la curiosidad y la glotonería, las mismas motivaciones que vemos en Eva al comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (Gén. 3:1-6).
En el acto, Enki comenzó a sentirse enfermo, distintas partes de su cuerpo empezaron a dolerle, ocho partes distintas según los ocho árboles que había comido. Los dioses se compadecieron de Enki, y Enlil, el dios del viento, llega a un acuerdo con el zorro para que busque a Ninhursag. La diosa accede a sanar a Enki, lo cual logra dando a luz a ocho deidades, una por cada parte afectada. Ninhursag le pregunta a Enki qué parte le duele, y éste le responde, para luego darle a luz la deidad que sanará la parte en cuestión. Este procedimiento se repite de manera sistemática hasta que las ocho deidades han nacido. A continuación parte del episodio:
Ninhursag:”Mi hermano, ¿qué te duele?”
Enki: “Me duele el costado”.
Ninhursag:”Te doy a luz la diosa Dazimua”.
Ninhursag: “Mi hermano, ¿qué te duele?”
Enki: “Me duele la costilla”.
Ninhursag: “Te doy a luz la diosa Ninti”.
En la lengua original del poema, hay un juego de palabras entre el nombre de la deidad que es dada a luz, y la parte del cuerpo que le duele a Enki. Este detalle revela para el especialista en la cultura sumeria Samuel Kramer, la superficialidad y artificialidad del poema. En sus propias palabras:
El hecho es que la relación entre cada una de las deidades “sanadoras” y la dolencia que se supone curar, es sólo verbal y nominal; esta relación se manifiesta en el hecho de que el nombre de la deidad contiene en ella parte o toda la palabra que corresponde con la parte enferma en el cuerpo de Enki. En pocas palabras, es sólo porque el nombre de la deidad sonaba como el miembro enfermo del cuerpo que los autores del mito fueron inducidos a asociar ambas cosas; en realidad no hay relación orgánica entre ellos.3
En el caso particular de la diosa Ninti, ella es engendrada para aliviar el dolor en la costilla de Enki. Constilla en sumerio es uzu-ti, de allí que Ninti pueda aliviar la costilla de Enki, pues su nombre contiene la palabra ti. Por otro lado, ti en sumerio significa “vida”. De allí que Ninti pueda traducirse como “dama de la costilla” o “dama de la vida”. Resulta entonces muy significativo el considerar que en el relato del Génesis, la primera mujer surgió de la costilla de Adán (Gén. 2:21), y que éste le puso por nombre Eva, nombre que viene de la palabra hebrea que significa “viviente”, es por eso que Adán asocia el nombre de Eva con el título “madre de todos los vivientes” (Gén. 3:20). Sin embargo, en hebreo este último término no tiene relación morfológica con la palabra costilla. Da la impresión de que el Génesis está reflejando lo que llama Kramer la “superficialidad” y “artificialidad” del poema sumerio de Enki y Ninhursag, pues en la Biblia no hay explicación alguna de por qué Eva, la madre de todos los vivientes, debía surgir de la costilla de Adán.
Notas:
- Kramer, Samuel Noah, Sumerian Mythology. Rev. ed. Philadelphia: U of Pennsylvania P, 1972, p. 55.
- Idem.
- Ibíd., p. 59.

Hola me permito sugerir la lectura de la obra escrita por Zecharía Sitchin “Cronicas de la Tierra”, consta de 11 libros, edit. Obelisco, en donde se aborda este tema tan apasionante con un alto grado de erudición, esclarecedor, por tratarse de un experto en lenguas semíticas, traductor de las tablillas sumerias.
Gracias y saludos.