En el post anterior vimos que el misterio de la creación del océano primigenio, el abismo de Génesis 1:2, puede ser explicado por la relación entre la cosmogonía bíblica y la de los antiguos pueblos de Mesopotamia. En este post veremos que otros detalles del relato de la creación bíblico tienen un paralelo de las tradiciones mesopotámicas, y dicho paralelismo nos ayudará a entender cómo pensaban los autores bíblicos.
Las generaciones y los días
Tomemos el cielo y los astros, el sol, la luna y las estrellas. Ahora podemos comprender por qué existía agua antes de la creación del firmamento y de las luminarias del cielo. El océano primigenio era la materia prima que había usado Dios para la creación de todas las cosas. También podemos comprender por qué el firmamento fue formado antes que los astros, porque éstos colgaban de aquél. Pero, ¿por qué el día y la noche existieron antes que el sol? En Génesis 1:3 Dios crea la luz, y ésta origina el día y la noche. Pero, ¿cuál era la fuente de esta luz? ¿por qué el día y la noche no se formaron al crearse el sol? ¿Por qué la luz requirió un día entero de creación aparte del sol? La clave la podemos encontrar en el poema de Enuma Elish. Allí se nos dicen que los dioses se multiplicaron en el seno de Tiamat, la personificación divina del océano primigenio. Los dioses hacían mucho ruido en su vientre, y Absu se quejo ante Tiamat en los siguientes términos:
«Su conducta me resulta muy odiosa.
De día no encuentro alivio ni reposo de noche.
Los destruiré, aniquilaré sus obras,
para restaurar la calma. ¡Tengamos descanso!».
Este episodio ocurre antes de la formación del firmamento y de la tierra, por lo tanto aún no brillaba el sol en el cielo, lo cual implica que los babilonios no identificaban al sol como la causa del día. Para ellos el día y la noche existían por sí mismos, independientemente del sol. Esta misma idea podría estar reflejada en el Génesis, lo cual explicaría por qué la luz diurna es creada el primer día, y el sol el cuarto, con la simple función de ser una señal de tiempo, como el resto de los astros.
Otro paralelismo entre el Enuma Elish y la Biblia es el poder creador de la palabra y el concepto de asamblea de los dioses. De entre los hijos de Tiamat, los llamados dioses mayores o Anunnaki, se formó una asamblea o consejo. Tiamat hizo del dios Kingu el presidente de esta asamblea. Leemos el episodio a continuación:
De entre los dioses, sus primogénitos, que formaban su asamblea,
elevó ella a Kingu, entre ellos lo hizo jefe.
Dirigir las huestes, presidir la asamblea,
alzar las armas para el encuentro, encabezar el combate,
ordenar como jefe la batalla,
todo esto puso en sus manos mientras ella lo entronizaba en el
consejo:
«Para ti he pronunciado el conjuro, exaltándote en la asamblea
de los dioses.
Todo poder te he dado para aconsejar a los dioses.
¡Tú eres el mayor de todos, mi consorte eres tú!
¡Tus sentencias serán firmes entre todos los Anunnaki!».
En la Biblia encontramos que Jehová preside en una asamblea de dioses a semejanza de Kingu y más tarde Marduk. Efectivamente: “Dios está en la reunión de los dioses; En medio de los dioses juzga” (Sal. 82:1; RV 1909). La Nueva Versión Internacional vierte este texto de la siguiente manera: “Dios preside el consejo celestial; entre los dioses dicta sentencia”. Una asamblea semejante se describe en el libro de Job, donde Jehová preside sobre un grupo llamado “los hijos de Dios” (Job. 1:6). Eventualmente, en el Enuma Elish los dioses designan a Marduck como rey de los dioses para presidir en la asamblea. Marduck tiene que demostrar su poder ante los dioses. La historia está descrita de la siguiente forma:
Sobre todo el universo te confiamos el reinado.
Cuando tomes asiento en la asamblea, prevalecerá tu palabra.
No fallarán tus armas, aniquilarán a tus enemigos.
¡Oh Señor, perdona la vida al que en ti confía,
pero quítasela al dios que eligió el mal!».
En medio pusieron un paño,
a Marduk, su primogénito, hablaron:
«Señor, en verdad tu decreto prevalece entre los dioses.
Si decides crear o destruir, así se hará.
Abre tu boca, desaparecerá este paño,
habla otra vez, y el paño estará entero».
A la palabra de su boca desapareció el paño.
Habló de nuevo y se rehízo el paño.
Cuando los dioses, sus padres, vieron el fruto de su palabra,
gozosos le rindieron homenaje: « ¡Marduk es rey!».
Es interesante notar cómo Dios trae a la existencia las cosas en el relato del Génesis al decretarlo, muy parecido a lo que hace Marduk en el texto citado arriba. Todos estos paralelismos son interesantes, pero quizás los paralelismos más impresionantes surgen al comparar los mitos mesopotamicos con lo que dice la Biblia acerca de la creación del hombre. Este será el tema del siguiente post.
