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La Biblia y las cosmogonías de los antiguos pueblos de Mesopotamia

En su obra In Genesim ad Literam (El Significado Literal de Génesis), San Agustín estudia la cosmogonía y la cosmología bíblica. Él parte de una visión griega, y es por ello que en su estudio surgen incongruencias. Una de las preguntas que se hace San Agustín es por qué el Génesis no habla de la creación del agua. Se habla de un océano en el versículo 2 del capítulo 1, pero no se dice explícitamente que Dios lo haya creado. El versículo anterior sólo habla del cielo y la tierra. El versículo 2 también habla del “espíritu de Dios”. Algunos estudiosos ven en esta expresión no una referencia al Espíritu Santo, sino a un viento, ya que en hebreo espíritu y viento se expresan con la misma palabra. Si se interpreta ese espíritu como un viento, entonces a la pregunta del origen del océano se le sumaría la del orígen del viento. Ahora bien, según la interpretación moderna, cuando el versículo 1 dice que en el principio Dios creo los cielos y la tierra, los cielos se refiere a todo el universo extraterrestre, mientras que la tierra es nuestro planeta, el globo terráqueo. Pero en el post anterior vimos que esta interpretación no tiene un fundamento apropiado, sino que refleja nuestra cosmología moderna, mientras los antiguos tenían una cosmología muy diferente. Creían que el mundo habitado consistía en una gran masa de tierra con forma de disco. A esto es lo que llamaban tierra. Este disco estaba rodeado por un océano primigenio. Cuando en el Génesis leemos que en el principio Dios creó los cielos y la tierra, lo que probablemente entendían los hebreos y los antiguos cristianos era que Dios había creado el continente y el firmamento, la bóveda celeste. Siendo que Agustín y el resto de los cristianos de la iglesia del s. V en adelante creían que Dios había traído a la existencia todo el universo por una creación ex nihilo (de la nada), queda justificada la perplejidad de no encontrar ninguna referencia a la creación del océano en Génesis. Sin embargo, esta perplejidad desaparece al considerar la relación de la Biblia con las cosmogonías de la antigua Mesopotamia, con las cuales sin duda está relacionada.

Una fotografía de la tablilla de arcilla que contiene un relato de la creación sumerio. A este relato se le ha llegado a conocer como “El Génesis Eridú”.

Mesopotamia es considerada la cuna de la civilización. Tres pueblos distintos dominaron la región, comprendida entre los ríos Tigris y Eufrates. Estos pueblos fueron el sumerio, el acadio y el babilónico. El pueblo sumerio es el más antiguo de los tres, y su civilización se remonta a más de 4000 años a.C. Cada uno de estos pueblos elaboraron una religión y una cosmología basados en relatos mitólógicos sobre el orígen del mundo y el orígen del hombre y sus civilizaciones. Actualmente se conservan varios relatos mitológicos de estos pueblos, los cuales fueron registrados en tablillas de arcilla. Entre las obras más importantes tenemos la epopeya de Atrahasis, de origen acadio y que se remonta al s. XVIII a.C., y la epopeya de Gilgamesh, cuyo orígen probablemente es la compilación acadia de una serie de poemas sumerios. También está el mito de la creación titulado Enima Elish. De orígen babilónico, el registro que se conserva data del s. VII a.C., pero probablemente la historia original fue compuesta alrededor del s. XVIII a.C. Las cosmologías y cosmogonías de estos pueblos están relacionadas, y resulta evidente que las creencias acadias y babilónicas derivaron de la mitología sumeria, la más antigua.

El origen del cielo y de la tierra

Los mesopotámicos desarrollaron un complejo panteón de dioses, los cuales se dividían entre mayores y menores. Los principales dioses en la tradición acadia eran Anu, dios del cielo, Enlil, dios del viento y Ea, dios del agua. Según los sumerios, An, el dios del cielo, y Ki, la diosa de la tierra, habían surgido de la diosa Nammu, el océano primigenio. Pero An y Ki estaban unidos en un principio. Ellos concibieron un hijo, Enlil, el cual los separó. Enlil usurpó el lugar de su padre An, y llegó a convertirse en el dios principal del panteón. Encontramos luego ciertos elementos de esta historia, en el relato babilónico del Enuma Elish, el cual comienza así:

Cuando en lo alto el cielo no había sido nombrado,
no había sido llamada con un nombre abajo la tierra firme,
nada más había que el Apsu primordial, su progenitor,
(y) Mummu-Tiamat, la que parió a todos ellos,
mezcladas sus aguas como un solo cuerpo.
No había sido trenzada ninguna choza de cañas, no había aparecido
marisma alguna,
cuando ningún dios había recibido la existencia,
no llamados por un nombre, indeterminados sus destinos,
sucedió que los dioses fueron formados en su seno.

Apsu es la personificación divina de las aguas subterráneas, el agua dulce, y Tiamat es la personificación divina del océano primigenio que rodeaba la tierra, el agua salada. De lo que acabamos de leer, todos los demás dioses proceden del vientre de Tiamat. Apsu y Tiamat se encontraban en un principio “mezclados”. Más adelante en el Enuma Elish, se relata el conflinto entre Apsu y los dioses que concibió Tiamat, los cuales, a su vez, engendraron otros dioses. Uno de estos dioses fue Marduk (el Merodach bíblico, ver Jer. 50:2), patrón de la ciudad de Babilonia. Marduk mata a Tiamat, y de ella crea el firmamento y la tierra, como se puede ver del siguiente fragmento del Enuma Elish:

La partió como una concha en dos partes;
una mitad alzó y la puso como un techo, el cielo,
fijó una barrera y puso guardianes
a los que mandó que no dejaran escapar las aguas.
Cruzó los cielos y revisó (sus) regiones.
Escuadró el cuartel de Apsu, la morada de Nudimmud,
según medía el señor las dimensiones de Apsu.
La Gran Morada, su semejanza, fijó como Esharra,
la Gran Morada, Esharra, que hizo como el firmamento.
Anu, Enlil y Ea recibieron sus lugares.

Como en el mito sumerio, el cielo y la tierra provienen del agua. En ambos casos, en el mito sumerio y en el Enuma Elish, se habla de una división de las aguas para formar el cielo y la tierra. En un caso, Enlil separa a An y a Ki, en el otro Marduk divide a Tiamat “como una concha en dos partes”. Estas mismas ideas las encontramos en el Génesis bíblico, y explicarían la razón por la cual allí no se menciona la creación del abismo, el océano primigenio que los hebreos llamaban Tehowm, palabra ésta que aparentemente está relacionada con Tiamat. En la Biblia, el cielo y la tierra también proceden de las aguas. En la Biblia se nos dice que al principio estaba el abismo (Tehowm), y que el espíritu de Dios (o el viento de Dios; ¿un paralelo de Enlil?), se movía sobre la superficie de las aguas. Estas aguas fueron divididas para formar el firmamento y la tierra.

Pero esta explicación levanta varias preguntas. Si el cielo y la tierra provienen del abismo, ¿a qué se refiere el versículo del Génesis cuando dice que al principio Dios creó los cielos y la tierra? ¿De dónde provino el abismo del versículo 2? La clave a estas preguntas está en otra, que se hizo el mismo San Agustín. ¿Por qué en Génesis se menciona dos veces la creación del cielo y de la tierra? Efectivamente, primero se habla de la creación del cielo y de la tierra en Génesis 1:1, luego se habla de la creación del cielo en los versículos 6 al 8, y luego de la tierra en los versículos 9 y 10. La respuesta moderna a estas preguntas ha sido considerar los cielos y la tierra del versículo 1 como algo distinto de los cielos y la tierra de los demás versículos. Sin embargo, no hay evidencia para sostener la idea de que los hebreos entendieran por tierra lo que nosotros llamamos el planeta tierra, con sus continentes, océanos y atmósfera. Más bien hay evidencia de que la cosmología bíblica era básicamente la misma que la de los pueblo antiguos, como los que habitaron Mesopotamia.

Una respuesta bastante plausible a este enigma es que Génesis 1:1 es una introducción al relato de la creación. En ese versículo se anticipa la creación del cielo y de la tierra, para luego describirse la manera en que fueron creados en los versículos subsiguientes. Una manera alternativa de traducir Génesis 1:1 teniendo en cuenta esto, es la siguiente:

Cuando Dios comenzó a crear los cielos y la tierra, cuando la tierra había estado desordenada y sin forma, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía en la faz de las aguas, Dios dijo, “que sea la luz”.*

Al comparar los mitos de la creación de la antigua Mesopotamia con la Biblia, observamos que hay ideas comunes, que no solmente los hebreos y los pueblos de la Mesopotamia tenían una cosmología común, sino que sus ideas cosmogónicas son afines también. Ahora se explica por qué en el Génesis no se relata la creación del océano. Pero esta conclusión resulta chocante para el pensamiento cristiano moderno, el cual concibe que todo el universo fue creado ex nihilo. En el Génesis observamos una idea ancestral de que todo proviene de las aguas del océano primigenio. Estas aguas serían la materia original con la cual habría trabajado Dios, una matería co-eterna con Dios. En el próximo post veremos más paralelismos entre la Biblia y los mitos mesopotámicos.

Post relacionado:

La Cosmología Bíblica, ¿adelantada a su época? Un estudio que revela la relación entre la cosmología bíblica y la de las antiguas civilizaciones.

Enlaces de interés:

Concepciones cosmogónicas en la antigua Mesopotamia.

Nota:

* Friedman, Richard Elliot. The Bible with Sources Revealed, Harper, 2003.

2 comments to La Biblia y las cosmogonías de los antiguos pueblos de Mesopotamia

  • jescobar

    Gracias por tu comentario Diego. Sí, conozco acerca de esa teoría de los múltiples génesis y me parece bastante interesante. Es otra dimensión en el estudio del Antiguo Testamento.

  • Diego Martínez González

    Sobre los dos génesis … en teología existe una clasificación de la Biblia en “documentos”. Estos documentos están formados por los diferentes libros y/o partes de los libros que conforman la Biblia. Cada documento tiene unas características propias, siendo quizás las más trascendentes la época en la que se escribió y el porqué se escribió.

    Uno de estos documentos se conoce como el documento P (del alemán Priester, parecido al inglés) o documento sacerdotal. Los textos del documento P a veces tratan de hacer divinas las tradiciones judías (puesto que estamos hablando del antiguo testamento). Se cree que el primer génesis pertenece al documento sacerdotal. Un ejemplo: la justificación de un día sagrado a la semana simplemente porque “Dios descansó al séptimo día”.

    No sé si realmente este primer Génesis se considera del documento P y no recuerdo a qué documento se asocia el segundo génesis, hace muchos años que no leo sobre estos temas. De cualquier manera, así me lo enseñaron en un curso de teología y precisamente con este ejemplo de los dos “génesis”. Sea como sea, recomiendo ferviente miente tener en cuenta esta clasificación de documentos y sus características para el estudio del antiguo testamento.

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